El regreso del fútbol de la calle



Si los que trabajamos con la base somos más naturales y recordamos las cosas que hacían de ese fútbol de la calle una gran factoría, el fútbol de la calle se recuperaría con mejores condiciones. Para ello, debemos tener claro unos ciertos aspectos:


1) Debemos tener claro que los protagonistas no somos nosotros, sino los niños.


2) Recordar que la mejora de cada niño en esa factoría de la calle llegaba desde el propio juego.


3) Ese juego del fútbol siempre tenía porterías.


4) Solo hacía falta un balón para que todos fuesen felices.


5) Cada niño jugaba desde su posición.


6) En ese juego los equipos siempre estaban compensados.


7) En esos partidos siempre se producían superioridades e inferioridades al momento que uno de los niños era llamado por su madre para irse a comer.


8) Cada vez que quedaban pocos minutos para terminar e irse al colegio, si uno de los equipos estaba ganando por más de dos goles, para disfrutar hasta el final de lo bello de competir uno de los integrantes decía: “Quien haga el último gol, gana”.


9) Cuando no había clase, las horas en esos juegos eran interminables. No se calentaba y, a no ser que uno le rompiera la pierna a otro tras dar una patada sin querer, nadie se lesionaba.


10) Este entrenamiento si que respetaba la máxima de Horst Wein: El fútbol adaptado a la medida del niño. Y éramos los propios niños quienes ajustábamos todo a la medida de cada uno de nosotros. Los espacios, la dimensión del campo, la altura de las porterías…Y también poníamos normas que igualaran el juego, tales como al que regateaba fácil solo se le permitía regatear como máximo a dos rivales o que no valía el disparo fuerte y lejano, pues de esta manera todos tenían que jugar con la pelota y no hacer lo típico y tópico de poner en el equipo a un adulto para que tire las faltas desde medio campo.


Como no, también aparecían constantemente las paredes, esa acción tan importante dentro de un juego colectivo lleno de desborde. Paredes que entraban en acción con un compañero o con el muro de una casa, y la mayoría de esas paredes sorprendían al rival ya que se iniciaban con la parte exterior de la pierna dominante. Hasta que por la tarde aparecía un adulto para prohibir esa acción de manera rotunda, algo que limitaba a sus jugadores, pues eso favorecía la búsqueda de herramientas en su fútbol.


El fútbol de la calle está en nuestras memorias, y el mismo quedó para utilizarlo con nuestros niños. Si dejamos de ser protagonistas y nos convertimos en facilitadores, el fútbol de la calle volverá de nuestras manos con una versión mejorada. ¿Se lo imaginan?

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