La referencia acumulativa en el fútbol (Capítulo 2)



Construcción desde el Método Direccional con las familias como referencia acumulativa


En este segundo capítulo continuaremos profundizando en la construcción del juego. Es el momento en el que el termómetro, que se trata del enfrentamiento real y de la competición, nos indica dónde debemos incidir más. Para ello buscamos tareas específicas dirigidas a la familia que necesita un refuerzo. Unas tareas que escenifican el problema y al que le aportamos una solución a través de las herramientas tácticas y del entrenamiento de dicha situación hasta que la dominemos.


Para construir la fase ofensiva elegimos al portero y a nuestra línea de cuatro defensas como el comienzo de nuestra construcción. Pero como la familia defensiva la subdividimos, pues comenzaremos a trabajar con el portero y con los dos centrales. Una vez que ya hayamos trabajado con nuestros centrales, nosotros solemos meter una pequeña variante, ya que después no incorporamos al trabajo a nuestros laterales, sino a nuestro mediocentro. Pretendemos educar la salida interior entre los dos centrales y el mediocentro como si fuera una familia perfecta de automatismos, pues entendemos que este aspecto es vital para nuestro modelo de juego.


Con la creación completa de los mecanismos que queremos por dentro en nuestra primera salida de balón, llega el momento de añadir a los laterales para terminar esa primera fase del juego ofensivo con las bases claras de que queremos iniciar por dentro para salir liberados y más profundos por afuera.


Una vez trabajada la primera fase del juego colectivo ofensivo, seguimos construyendo al mismo tiempo que vamos avanzando en el terreno de juego, y para ello necesitamos añadir a nuestros volantes. Volantes a los que les enseñamos a aparecer en zonas favorables de creación, a irrumpir en espacios de desequilibrio que tienen mucho que ver con los puntos en los que se encuentran las entrelíneas y las entre zonas (estar lejos de todos los rivales que me rodean), a caer a las bandas intercambiando posición y rol con los extremos, y a llegar a finalizar dentro del área desde esos espacios libres que siempre existen.


Tras cumplir con la fase de salida de juego y de la gestación del juego llega la de la llegada y la finalización. Para ello añadimos a los tres atacantes. Y como dijimos en el proceso defensivo, todo este trayecto va evolucionando mientras que a cada día que trabajemos le restemos tiempo de trabajo, pues el conocimiento es mayor por parte del futbolista y la eficacia cada vez será mayor en el juego real. Esto no sólo lo comprobamos en la propia competición, sino también en el trabajo de enfrentamiento real que introducimos en nuestro trabajo.



El proceso sumatorio podemos hacerlo de la manera que acabamos de explicar y, cuando el tiempo de trabajo con el equipo avanza y con ello el dominio del modelo de juego, de repente dividimos el trabajo defensivo u ofensivo en dos o tres fases. Por ejemplo, trabajamos la defensa con los tres delanteros y los tres mediocentros para terminar añadiendo a los cuatros defensas y al portero. En ataque sería lo mismo, pero al revés, pues primero trabajaríamos con el portero, los cuatro defensas y los tres mediocentros para después sumar a los tres delanteros.


Nosotros entendemos que primero debemos trabajar la defensa con nuestros atacantes para ir sumando hacia atrás, debido a que apostamos por defender hacia el balón y pretendemos forzar el fallo del rival y recuperar el balón para jugar/atacar lo antes posible. Por eso nuestros delanteros no solo son los primeros en defender, sino que también son las piezas más importantes para conseguir el objetivo de robar lejos de nuestra portería y de que los metros que dejemos vacíos a las espaldas como equipo no sean un problema.


Por otro lado, trabajamos el ataque desde el portero, los centrales y el medio centro, pues queremos jugar de forma combinada sin dejar de aprovechar toda la riqueza y posibilidades de maniobras diferentes que nos ofrece el propio juego para poder engañar y superar al rival.


De igual manera que en defensa, en ataque también utilizamos el proceso de crear tareas familiares para subsanar esos problemas. Pero no solo construimos de atrás hacia adelante o de adelante hacia atrás, sino que también construimos desde el centro de nuestro modelo de juego defensivo y ofensivo hacia afuera, hacia adelante y hacia atrás. Todo esto como si se tratase de una onda expansiva.


Este modelo de trabajo es muy efectivo ya que desde el corazón del juego el proceso llega antes a los lugares más alejados de nuestro equipo, los cuales son los más decisivos tanto para atacar como para defender, y evidentemente para transitar de ataque a defensa y al revés. Cabe señalar que para trabajar con este proceso expansivo desde el núcleo central necesitamos tener educadas con una buena base a cada jugador y a cada familia.


Todo este proceso comienza desde la familia de centrocampistas (un mediocentro y dos volantes) para ir sumando piezas por delante, por los lados y por detrás. Al mismo tiempo vamos añadiendo rivales a los cuales tener que superar o defender, y todo esto marcando unos objetivos que siempre tengan relación con lo que a continuación vamos a integrar de manera sucesiva.


En esta parte os dejamos el proceso plasmado en el propio transcurrir de las tareas, mientras que en el siguiente capítulo lo haremos de forma gráfica. Como siempre, esperamos que todo esto sea de vuestro agrado y que os pueda ayudar a, por lo menos, tener una idea más de cómo poder construir lo que pasa por nuestras cabezas de entrenadores. Compañeros, muchas gracias por seguirnos.

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