La zurda de Mareo



Así como hay muchos jugadores diestros, la gran mayoría de los futbolistas, que no dominan la pelota de manera sobresaliente, sinceramente yo conozco a muy pocos futbolistas zurdos que técnicamente no sean excepcionales. Los zurdos son especiales, los zurdos son los que mejor tratan el mayor motivo del fútbol: el balón. Lo respetan y lo hacen respetar a través del excelso dominio del mismo. Bueno, que os voy a decir que no sepáis. Los dos mejores futbolistas de toda la historia son zurdos: Diego Armando Maradona y Leo Messi. Y la zurda de Mareo es Juan Muñiz, aquel guaje que con 17 años recibió la oportunidad de ser una pieza importante en el Sporting B de nuestro profe Javier Vidales.


Mucha gente, de manera errónea, se impacienta con ese futbolista zurdo de su equipo que reúne mucha calidad pero que no corre tanto como los demás jugadores, aunque en realidad sea el que mejor corre (correr más no significa que estés corriendo bien). Y pierden la paciencia porque lo quieren tener todo bien rápido y sin importar el cómo. Las prisas nunca hacen buena compañía. Con prisas el disfrute nunca llega. Y con prisas, las cosas no suelen salir como se desea. Aficionado, si quieres disfrutar del fútbol y a la vez estar más cerca de ganar el partido, lo mejor es quitarse el reloj. Futbolista, si quieres disfrutar del fútbol y a la vez estar más cerca de ganar el partido, juega sin prisas, pero actuando como mejor sepas en el momento y espacio más adecuado. Elegir el mejor pase en el momento justo y hacia el compañero más liberado. De esa manera, el proceso del pase en el juego será eficaz.


Los zurdos como Juan Muñiz son como los grandes cocineros. Y no sólo me refiero a los cocineros que tienen estrellas Michelin, sino también a nuestras abuelas que se pasan toda la mañana preparando su mejor plato. Si haces las cosas con cariño y sin prisas, será más fácil que entregues un buen plato tanto gustativa como estéticamente. Las ganas de comer un plato aumentan si el mismo desprende cariño y respeto por parte de su autor. Juan Muñiz era y sigue siendo de esos futbolistas que cocinan su mejor plato a fuego lento, al igual que debe ocurrir cuando trabajamos el Método Direccional con niños. Y a base de cocinar a fuego lento, Juan Muñiz siempre te entrega una delicia de pase o de disparo. Los pases de Juan Muñiz son mensajes limpios que da al compañero.


Recuerdo que cuando mi padre era entrenador del Sporting de Gijón B, subía con él cada sábado a Mareo para ver el último entrenamiento antes del partido del domingo. El entrenamiento donde se recordaban las jugadas a balón parado, simplemente el entrenamiento de Juan Muñiz. Eso era un parque de bolas tanto para Muñiz como para quienes presenciábamos tal espectáculo de faltas o córneres que iban directos a la cazuela. Siempre con cariño e intención de ofrecer un buen plato. Siempre sabiendo dar ese toque personal con la precisión y fuerza necesaria para impedir que el balón sea interceptado en un bosque lleno de piernas. Yo me ponía detrás de la portería, una posición privilegiada para ver como todos los balones iban para adentro, ya sea a la propia portería o a ese espacio en el área pequeña entre el portero y el último jugador donde sólo hay que embocarla.


Contar en tu plantilla con un futbolista como Juan Muñiz es una gran ventaja de cara a sacar provecho de la herramienta complementaria del balón parado. Pero hablar de Juan Muñiz es hablar de la importancia que tiene la técnica tanto en el futbolista que se está formando como en el propio futbolista profesional. La importancia de ese primer cajón de entrenamiento del Método Direccional donde el niño aprende a dominar su cuerpo unido a un balón. Y hay que dominarlo para que éste no sea el freno de otros aspectos definitivos. Ayudar a nuestros niños a conocer y dominar su cuerpo para que éste sea el soporte del comienzo del dominio de las herramientas externas. Sin una buena técnica, el niño no llegará a ser un buen futbolista. Es lo primero que debemos dominar para ganarnos la confianza de la pelota. Tratarla con cariño y respeto, y de esa manera verás lo bien que te va a dar de comer a ti y a todos los amantes del fútbol.


El Juan Muñiz de ahora es mejor que el Juan Muñiz campeón de Europa Sub-19, porque el actual Juan Muñiz sabe cuando es el mejor momento para darle su toque personal a ese plato que se está cocinando a fuego lento, mientras que aquel Juan Muñiz, aunque era más espectacular para la vista, muchas veces jugaba con prisa. Recuerden, cocinar a fuego lento desde y con los más pequeños. Juan ha adquirido ese conocimiento del juego que le permite sacar rentabilidad a esa maestría del dominio del balón. Un dominio del balón adquirido desde la repetición bien realizada. Un dominio que se trabaja día a día hasta convertirlo en un habito. A continuación, os comparto un extracto de la entrevista que la pagina web ‘La Magia del Brujo’ le hizo a Juan Muñiz (7 agosto del 2018) donde el futbolista habla sobre Javier Vidales.


¿Quién te ha marcado a ti?

Hombre… [Resopla] El entrenador que confió en mí, que dio el paso cuando yo tenía 17 años y que contó conmigo cuando el filial –jugaba en el Juvenil y lo alternaba con el Sporting B- se estaba disputando la categoría –Segunda B- fue Vidales. Creo que es el que más me ha marcado. Se la jugó con Sergio, con Nachín, conmigo… Él decía y creía que éramos los que teníamos que jugar. Y salió bien. Esto me dio el salto al fútbol profesional, porque a raíz de ello empecé a ir con el primer equipo y con la Selección. Me exigía mucho y me enfadaba muchísimo con él, pero era el que más me quería y el que más rendimiento me sacó.


Muchos me habláis de él y todos coincidís en que sabe muchísimo de fútbol, que exigía también bastante, pero que es con quien más habéis aprendido.

Sí, sí. Te podía caer una bronca terrible después de un partido y tú pensabas “Madre mía… voy a pasarme un mes sin jugar”, pero el siguiente partido te volvía a poner en el once. Y tú no volvías a repetir el error del anterior. Recuerdo que llegaba a casa y le decía a mi padre “Papá, este entrenador se pasa conmigo, me mete una caña…”. Pero me di cuenta de era el que me quería de verdad, que me decía las cosas como si fuera mi padre. ¡Solo le faltaba pegarme una hostia [Ríe]! Pero fue el que me dio el impulso para seguir adelante.

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