Una vida invirtiendo



Cuando tenía 15 años jugaba en el Gijón Industrial, trabajaba de lunes a domingo en una fábrica de porcelana y entrenaba a los niños de mi barrio. De vez en cuando ahorraba algo de dinero para comprar libros de fútbol.


Con 19 años ya entrenaba a la Peña Hermanos Castro y a la vez seguía trabajando arreglando tejados con un albañil. El dinero que ahorraba sirvió para sacarme el primer título de entrenador.


Tenía 21 años y entrenaba al La Braña, pero no tenía trabajo. Por las mañanas entrenaba a jugadores que estudiaban por la tarde y ya en la tarde entrenaba a mi equipo. Entre medias, mi amigo Kiko me llevaba un bocadillo.


Con 23 años entrenaba al Llano 2000 y trabajaba en el Colegio Ángel de la Guarda. Con el dinero que me ahorraba completé el segundo curso de entrenador.


Pasé a tener 24 años cuando empecé a entrenar al Arenal y seguía trabajando en el Colegio Ángel de la Guarda. Con el dinero ahorrado me fui a Inglaterra para ver la pretemporada del primer equipo del Nottingham Forest.


Tenía 25 años y, después de tanto ahorrar e invertir en mi sueño, llegó mi fichaje por el Real Sporting de Gijón. Continué ahorrando para seguir formándome y en ese mismo año me apunté a todos los cursos de reciclaje posibles.


Ya con 28 años seguía prosperando como entrenador en Mareo, continuaba trabajando en el Colegio Ángel de la Guarda y me inscribí en el curso de entrenadores más duro: el Nacional. Más dinero invertido, poco tiempo para dormir y, además, llegó a mi vida mi actual mujer. No sé si los días tenían 24 horas o las horas eran ilimitadas para poder trabajar, entrenar, estudiar y estar con mi novia.


Y esto no se terminó aquí. Aún pienso lo convencido que desde un principio estaba en que mi sueño no sería fácil de conseguir, pero sabía que estaría más cerca de lograrlo si realmente me preparaba e invertía en mi formación. Esto os lo dice una persona que todo lo que ganaba lo llevaba para su familia y solo un poquito lo apartaba para comprar libros, hacer cursos y viajar para ver entrenamientos. Compañeros, si realmente quieren, a mí es fácil superarme. Somos fuentes que si no damos agua nadie acudirá a nosotros para beber.

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